jueves, 1 de enero de 2015

Y pasaron 365 días de nuevo.

El cuervo vino a picar el cristal empañado. Dentro, donde deberían de haber luces cálidas y deliciosos manjares, solo se hallaban los huesos de todas las navidades pasadas.

Unos ojos opacos observaban las manillas de un reloj parado. 



"Tic tac"






"¿Quién tic-taquea?"
La mente hacía cuenta atrás para la detonación mientras el cuervo vigilaba sigilosamente desde su sitio.  [...] 




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