14.07.15
Pasos por la arena, un día como tantos otros de verano.
Mi acompañante: un sombrero y un bocadillo de jamón con mantequilla perfectamente cortado.
Mis primos juegan creyéndose arquitectos especializados en construcciones de arena, mi madre lee a la sombra de la sombrilla y mi padre charla con mis abuelos mientras hace una burla al calor dando un sorbo a una cerveza.
Yo, mosqueada porque nadie viene a jugar conmigo, decido dar un paseo.
Gaviotas.
Les arrojo un pedazo de mi preciado bocadillo y lo engullen.
Solo quiero tocarlas y que alguna se quede conmigo, que vengan a jugar conmigo y con las olas.
Pero, sabiendo que en cuanto me acerque un poco huirán asustadas, (y que la que se quede pueda soltarme algún picotazo) planeo el asalto. Cojo carrerilla y corro detrás de ellas.
Todas abren sus alas y despegan, tal y como tenía planeado.
Menos una. Se queda quieta, desafiante. Me acerco lentamente, sigue sin irse.
"¿Irá a atacarme? ¿O volará en cuanto me acerque un poco más?
Me daría mucha pena, es la segunda vez que una se queda y la primera ya me dio bastante tristeza verla ir."
Pero sigue quieta, mirándome a los ojos. Me siento a su lado y le ofrezco un trozo de mi bocadillo.
05.03.2016
No me lo esperaba, y quizás por ello le ofrezco lo restante del bocadillo que quedaba.
Que plumaje tan bonito, nunca me había parado a observar que tonalidad de blanco tiene las plumas de las gaviotas.
¿Me fallará la vista? Lo visualizo marfil, es extrañamente bello. La gaviota no se extraña de mi mirada y sigue picoteando el alimento.
"Podría venirse conmigo" Me digo.
-Gaviota, voy a contarte algo: me gustan mucho los perros y suelo pararme a acariciar a todos los que veo. ¿Y a ti?
-Gaviota, voy a ser partícipe en tus viajes, quiero que,si al huir del grupo en el que vas te sientes sola, recurras a mi, te escucharé. ¿Te parece?
-Gaviota, voy a contarte un secreto: soy vulnerable a la felicidad; esta se vuelve un arma de doble filo y me crea dolor; me da miedo que se vaya contigo cuando alces tus alas. ¿No será así, verdad?
-Gaviota, te pido que me desveles todo lo que hayas visto por allí arriba. Es tu deber compartir conmigo, yo lo estoy haciendo ¿Me cuentas?
-Gaviota, te permito que me des algún picotazo cuando lo necesites, todos tenemos malos días y yo entiendo eso. ¿Sabes que podré soportarlo solo por ti?
-Gaviota, te ordeno que me hagas cosquillas con tu plumaje, Estoy aquí perdiendo mi tiempo contigo y quiero que me hagas sonreír. ¿Por qué me haces pedirte esto?
Y, en un segundo, la gaviota alzó sus alas y echó a volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario